Testimonio. La Persigue La Mara
| Gabriela Coutiño Tapachula, Chis.- A sus 21 años, Dalia sufre la persecución de la Mara Salvatrucha. Llegó a México ilegalmente, huyendo de la pandilla que le mató a su esposo y le prometieron que ella correría la misma suerte. Es hondureña y dice no poder regresar a su país. Ya una vez, integrantes de la Mara 18 le pusieron una pistola en la cabeza, “y pues no reventó. Sólo me golpearon y me dejaron ahí, según ellos yo estaba muerta”. La historia de la hondureña empezó cuando a los 16 años se juntó con un Mara 18. Con él tuvo dos hijas, una tiene tres años y la otra cinco. Cuenta que él decidió “retirarse”, porque “no quería dar un mal futuro a las niñas”. Narra su historia interrumpida por el llanto. Le cuesta trabajo hilar una frase sin dejar de correr por su moreno rostro un río de lágrimas. Dalia dice que ante el acoso de los pandilleros decidió huir de Honduras: “mamá, voy a renunciar a mis hijas. Se las voy a dejar, porque no hay de otra”. En septiembre de 2004, su esposo, sus dos hijas y ella fueron a la iglesia. Era domingo. Iban camino a casa cuando los pandilleros los abordaron, querían vengarse de que el marido hubiera renunciado a la Mara. En esa pandilla hay un código: nadie puede salirse son que le cueste la vida. Ese día, en presencia de Dalia y sus dos hijas lo mataron. -¿Cómo lo mataron? El recuerdo la conmueve aún más. Recarga sus codos sobre sus rodillas y sus manos en su cara. Llora, casi grita. Tarda varios segundos en poder contestar. -“El venia con su Biblia. Veníamos de la iglesia cuando ellos lo pararon. Le dijeron: párate ahí. “Les pidió que no le hicieran nada, que venía con sus hijas y su mujer”. No les importó. Le hicieron un primer disparo en el hombro. “Con la niña en brazos cayó al suelo y me dijo: ’corre negra, corre, corre con las niñas, porque te van a matar también”. Enseguida le volvieron a disparar. Uno de los pandilleros sacó un machete. Le cortó el brazo. Dalia narró que a ella también la amenazaron: “así te vamos a hacer a ti también”. Se detiene un largo rato. Dalia rompe en llanto. Le cuesta mucho trabajo y muchas lágrimas lo que enseguida va a contar. En medio de sollozos dice:”le cortaron la cabeza, le cortaron la cabeza, se pusieron a jugar pelota con ella”. Paradójicamente dice que “por suerte” iba pasando una patrulla, “pero ya lo habían matado. Cuando pasó la patrulla me levantaron a mi y a las niñas. Allí empezaron a recoger los pedazos de él”. Antes de morir, le pidió que protegiera a sus hijas. “Cuídalas y vas a nadar lejos donde nadie te encuentre”. Dalia y sus dos hijas fueron testigos. Frente a ellas la Mara Salvatrucha mató sin ninguna misericordia al padre y esposo. Vete, mami, a una isla desierta Los primeros días de mayo decidió que tenía que salir de Honduras. No lo podía hacer con sus hijas, porque se iba a subir al tren y era muy peligroso. Varias veces los asesinos de su esposo trataron de matarla. La persiguieron. La encontraron. Habla nuevamente de que tuvo “suerte” de que no la hayan asesinado. Entonces fue cuando le dijo a la abuela de sus hijas: “mami, tienes que irte para otro lado, donde estés mas segura, un pueblito, una isla desierta. Uno donde ni autoridades hay”. Mi mamá se fue para allá. “Se llevó a mis hijas”. Y le dije: “mamá, voy a renunciar a mis hijas. Se las voy a dejar, porque no hay de otra”. Dalia dice que quiere darles un futuro mejor a sus hijas. Aspira llegar a Estados Unidos y en un futuro, llevarlas para allá. Su familia cuenta, es muy pobre, su mamá tiene que lavar y planchar ropa para poder comer. Ahora, su madre y sus dos hijas “están en un lugar apartado, donde ni autoridades hay”- -¿Has hablado con ellas? -Ahí no hay nada, no se puede comunicar con ellas. -¿No piensas regresar con tu familia? -Digamos que yo he perdido a mi familia. La he perdido, no puedo regresar. Aunque quiere regresar, no puedo. -¿Dónde están? -Están en un lugar que se llama El Tule. -¿Qué te dijo tu mamá cuando le informaste que te ibas a ir a Estados Unidos?. -Me dijo, vete hija. Ojala te vaya bien. Cuídate en el camino. -¿En dónde sucedió todo esto? -En San Pedro. Delia insiste en que no quiere regresar a Honduras. “Lo que me gustaría es quedarme trabajando en algún lado que no fuera Honduras, porque allí mejor que aliste mi cajón y ya”. Pero no sólo ella ha sido víctima de los maras. “Una vez uno de ellos me llevó a mi hija, a la mas grande. Un pandillero de esos, le dicen el hidrobravo. Me llevó a mi hija y me amenazaba que la iba a matar y sólo para gozar viéndome llorar, sólo para eso lo hacía”. Por eso, dice, renunció a su familia, a sus hijas. Desgraciadamente, cuenta con los ojos llenos de lágrimas, “no puedo estar con ellas, porque si me matan qué futuro les voy a dar”. “Esa es la historia de mi vida. A los 21 años es la historia que tengo”. |

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